Las lesiones autoinflingidas y su desencadenamiento en la toma de la vida propia no es un tema reciente, sino que conlleva décadas en discusión y es una problemática latente no solo de los jóvenes actuales sino también de los de generaciones anteriores que lograron sobrellevar sus problemáticas. Conforme a esto, el MEP (2018) se apoya en diferentes documentos legales que buscan salvaguardar la vida y la salud de los jóvenes y extender la necesidad del funcionario público de realizar el mayor de sus esfuerzos por proteger dichos jóvenes. Documentos tales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) que indica que toda persona tiene derecho a la vida y la Constitución Política de Costa Rica (1949) la que declara como deber de los funcionarios realizar todo proceso para preservar el derecho inviolable a la vida. Conforme a lo explicado por la Convención de Derechos del Niño (1989) el MEP (2018) entiende que el Estado deberá proporcionar la mejor atención salubre a los niños, incluyendo cuando estos visiten un centro médico por lesiones autoinflingidas, asimismo recalca que la educación proporcionada por este ministerio deberá ser dirigida a un desarrollo de la personalidad de cada joven, proporcionando herramientas para un desenvolvimiento correcto en su vida y una correcta salud mental. Según el MEP (2018) otros documentos fundamentales son el Código de la Niñez y la Adolescencia (1998), la Convención Iberoamericana de derechos de los jóvenes (2007), la Ley General de la Persona Joven (2002) y la Ley de Carrera Docente (1953), los cuales reafirman los derechos de los niños y niñas además del deber del funcionario público en conjunto con el Estado, por lo que deberán brindar información a la persona joven, además de a sus madres y padres sobre problemáticas posibles, mientras deberá poner en marcha programas de educación sexual afectiva y preventiva junto con la educación íntegra y de calidad.
Para poder contextualizar y comprender mejor la pertinencia de este blog, es crucial comprender la actualidad nacional con respecto a los suicidios y las lesiones autoinfligidas, para ello podemos estudiar los datos recopilados por el INEC (2020), que en el primer trimestre del presente año han reportado 145 muertes por suicidio o lesiones autoinfligidas, los cuales en su mayoría han sido hombres, y cuando se agruparon por edad, un total de 125 suicidios se dieron dentro del rango de edad desde los 15 a los 65 años, y entre edades de 1 a los 14 años se dieron dos suicidios; lo anterior nos demuestra que este problemática aún se encuentra presente en la sociedad costarricense, y lo que es todavía más preocupante, ocurre tanto en los adultos como en los jóvenes y niños. Si bien estos números no son tan grandes, la verdad es que según como lo determinó la Organización Mundial de la Salud en su informe Mortalidad por suicidio en las Américas (citado en Molina, 2019), en Costa Rica solo se reporta la tercera parte de los suicidos que realmente suceden y también la Organización afirma que por cada suicido cometido en el país, existen aproximadamente unos 20 intentos de suicidio no consumados. En la misma nota de Molina (2019) se resalta la tasa de suicidio en nuestro país, la cual se reportó en 7.2 por cada 100.000 habitantes en el 2018, y un año antes de esto se habían estimado 6.4 por cada 100.000 habitantes.
Las estadísticas alarmantes que se recolectan en nuestro país relacionadas a esta problemática nos advierten de la urgencia que hay de remediar esto con mayor esfuerzo, puesto que los casos se multiplican y siguen manifestándose en diversos grupos de edad, incluyendo a los más jóvenes y susceptibles; es debido a esta realidad que este blog pretende ser una herramienta de visibilización y concientización de estos lamentables casos y permitirle un mayor alcance al protocolo facilitado por el MEP (2018) que también busca reducir la incidencia de suicidios en los estudiantes, así por medio de una plataforma innovadora y atractiva como lo son los blogs se puede dar a conocer el protocolo a un mayor número de estudiantes, profesores, padres y otros involucrados y que así se pueda hacer un esfuerzo colectivo por identificar y atender los casos potenciales de suicidio o de conductas autolascivas con el fin de reducir la ocurrencia de estas tragedias en la población costarricense.
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